Cómo la primera vez
A estas alturas del otoño de mi vida, aún puedo sentir las mismas mariposas revoloteando en mi estómago, cuando sé que voy a verte, como aquella primera vez, que aceptaste salir conmigo.
Además, el teléfono se ha convertido en fiel testigo de cómo provocas en mí
una gran sonrisa cuando con un mensaje tuyo me avisas que estás por llegar.
Mientras sostengo las flores, con la firmeza de un adolescente, que te
entregaré como ofrenda a tu amor.

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